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  1. Un equipo de neurocientíficos de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos ha utilizado la electrocorticografía para observar (por primera vez en la historia) cómo se realiza el proceso de formación de un pensamiento en el cerebro humano. La electrocorticografía es una técnica que consiste en colocar electrodos directamente sobre la superficie expuesta del cerebro para registrar la actividad eléctrica de la corteza cerebral, se usa principalmente en pacientes con epilepsia sometidos a cirugía. Por ello, en el estudio participaron 16 personas con epilepsia, quienes realizaron una serie de ocho tareas diferentes que incluían estímulos visuales y auditivos. Algunas de las pruebas consistieron en repetir una palabra, identificar el género de una cara o una voz, determinar una emoción facial, pronunciar el antónimo de una palabra o evaluar si un adjetivo describe la personalidad del paciente. A partir de los datos recabados, los investigadores descubrieron que para una tarea simple, como repetir una palabra presentada visualmente, las cortezas visuales y auditivas reaccionaron primero para percibir la palabra. Posteriormente, la corteza prefrontal comenzó a interpretar el significado, seguido de la activación de la corteza motora en preparación para una respuesta. Durante el medio segundo entre el estímulo y la respuesta, la corteza prefrontal permaneció activa para coordinar todas las otras áreas del cerebro. Mientras que, cuando se trata de una tarea particularmente difícil, como determinar el antónimo de una palabra, el cerebro requirió varios segundos para responder, durante los cuales la corteza prefrontal reclutó otras áreas del cerebro, incluidas las redes de memoria presumiblemente no visibles. Solo entonces la corteza prefrontal recurrió a la corteza motora para generar una respuesta hablada. Cuanto más rápido es la transferencia del cerebro, más rápido responde la gente. De acuerdo con el equipo, un hecho que resulta curioso es que el cerebro comenzó a preparar las áreas motoras para responder tempranamente durante la presentación del estímulo inicial, lo que sugiere que nos preparamos para responder incluso antes de saber cuál será la respuesta. “Esto podría explicar por qué las personas a veces dicen cosas antes de pensar, explica la investigadora principal, Avgusta Shestyuk. Por su parte, Robert Knight coautor del estudio explicó que “estos estudios muy selectivos han encontrado que la corteza frontal es el orquestador, que une las cosas para un resultado final”. En conclusión, el cerebro mostró cuatro tipos diferentes de actividad neuronal. Los neurocientíficos explican que inicialmente las áreas sensoriales de la corteza auditiva y visual se activan para procesar señales audibles o visuales. Posteriormente, las áreas principalmente en las cortezas sensoriales y prefrontales se activan para extraer el significado del estímulo. La corteza prefrontal está continuamente activa a lo largo de estos procesos, coordinando la entrada de diferentes áreas del cerebro. Y finalmente, la corteza prefrontal se detiene cuando la corteza motora se activa para generar una respuesta hablada o una acción. Con información de  Nature Human Behaviour y  UC Berkeley  
  2. Desde hace años, científicos del Cinvestav han estudiado y documentado el impacto de varios contaminantes en la salud de la población mexicana, en particular del plomo. Su trabajo se ha plasmado en diversos artículos de investigación, sin embargo, recientemente ha generado un importante fruto. El 1 de septiembre de 2017 entró en vigor la modificación a la Norma Oficial Mexicana NOM-199-SSA1-2000, Salud Ambiental, que reduce de forma drástica el nivel de plomo permitido en sangre de niños menores de 15 años, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia. Los investigadores de este centro junto con expertos de otras instituciones participaron desde 2012 en mesas de trabajo con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), aportando literatura propia realizada en México o en otras partes del mundo, para demostrar con estudios científicos y técnicos la necesidad de reducir de 10 a cinco microgramos de plomo por decilitro de sangre (μg/dl), como concentración máxima para evitar efectos tóxicos en esos grupos considerados vulnerables. La presencia de plomo en la sangre ha demostrado causar una pérdida en el coeficiente intelectual de hasta cinco puntos en la población infantil, y en la población en general, problemas de memoria, depresión, debilidad muscular, además de alterar la fertilidad masculina y causar daño en el hígado, riñón y huesos, entre otros órganos, señala Betzabet Quintanilla Vega, jefa del Departamento de Toxicología del Cinvestav, y añade: “países como Estados Unidos han modificado desde hace algunos años (2012) los límites de plomo en sangre para proteger a toda su población”. Sin embargo, en México la Norma hace dos distinciones: los niños y mujeres embarazadas, y la población en general. El límite para esta última aún se mantiene en 25 μg/dl, “por lo cual también vamos a seguir trabajando para que éste se reduzca a 10”, dice la experta en toxicología. Por lo pronto, el reducir de 10 a cinco microgramos de plomo por decilitro de sangre en niños es un gran logro. El plomo causa efectos en su sistema nervioso, ya que cuando están en crecimiento sus barreras aún no están bien formadas, como la hematoencefálica, por lo que el plomo pasa libremente y genera daños. Esto se refleja en afecciones cognitivas y cognocitivas, además de problemas de atención, aprendizaje, memoria y hasta daños al sistema periférico, dice Quintanilla Vega. El otro grupo, que son las mujeres embarazadas y principalmente el organismo en formación, presentan riesgos de sufrir abortos o trasladar la intoxicación al bebé, pues el plomo atraviesa la barrera placentaria. El contaminante entra al organismo, pero 99 por ciento se queda en los eritrocitos (glóbulos rojos), el resto queda libre y se distribuye a los diferentes órganos, sobre todo al hueso, donde se va acumulando ante la reiterada exposición. El plomo ocupa los sitios del calcio y cuando hay una remoción de éste a causa, por ejemplo del embarazo, pasa de nuevo a la sangre. De acuerdo con Quintanilla Vega, lograr la modificación a la Norma requirió mucho tiempo, ya que se debe mostrar ante la Secretaría de Economía que el beneficio es mayor al costo de su aplicación. “Hay que demostrar con números que se gasta más tratando a una persona intoxicada que no hacerlo, por ejemplo, la persona tiene menos días laborales, un bajo rendimiento escolar o hay una baja generación de profesionistas por un IQ disminuido”. La también miembro de la Academia Mexicana de Ciencias señala que en los 90, la principal fuente de plomo era la gasolina, hasta que este metal pesado fue eliminado de ella. Ahora, es la alfarería vidriada para la preparación y almacenamiento de alimentos de gran tradición en algunas regiones de nuestro país y los pigmentos comestibles (sobre todo los que vienen en algunos dulces), sin contar con el reciclaje clandestino de las baterías para autos que contienen plomo. Aunque existe loza de barro libre de plomo, muchos artesanos aún emplean esmaltes que dan brillo a las piezas llamado “greta” (óxido de plomo). Este se desprende cada vez que colocamos alimentos calientes que luego comemos, ya que el proceso de cocimiento para fijarlo debería estar por arriba de los mil grados, algo que no ocurre porque no se tienen los hornos adecuados, aunque lo idóneo es no utilizarlo y sustituirlo por otro compuesto. La investigadora señala que al fijar en cinco μg/dl el nivel máximo de plomo en sangre, deberá haber un compromiso por parte de las autoridades y una exigencia de la sociedad para que exista una estricta vigilancia epidemiológica, monitoreo pediátrico, identificación de las fuentes contaminantes, así como acciones para evitarlas; además de una rápida actuación del personal de salud al detectar a un niño o a una mujer embarazada con mayores niveles de los permitidos.
  3. Un equipo internacional de investigadores ha creado una lista de aproximadamente quinientas especies de bacterias dominantes que pueden encontrarse en suelos de todo el mundo, lo que abre la puerta a nuevas investigaciones centradas en el estudio y manipulación de las especies más abundantes, con el fin de mejorar la fertilidad del suelo y aumentar su producción agrícola. Según explican los expertos, la inmensa mayoría de la biomasa viva de la tierra está formada por las comunidades de bacterias que viven en el suelo, son dichos microbios los que controlan los procesos clave en el desarrollo de los ecosistemas y de la vida cotidiana, un ejemplo de ello, es la fertilidad del suelo, fundamental para producir alimentos y el secuestro de carbono, clave para minimizar el cambio climático. Aunque el conocimiento que se tiene acerca de estos organismos es limitado, “nuestro estudio proporciona una oportunidad única de entender mejor la identidad y función de los microbios del suelo”, explica Manuel Delgado Baquerizo, autor principal. Por su parte, el coautor del estudio, Fernando T. Maestre explicó que “la mayoría de las bacterias del suelo no han sido descritas aún, no coinciden con los registros genéticos existentes y nunca han sido cultivadas en el laboratorio”. Durante el estudio, los investigadores recolectaron muestras de suelo en 237 ecosistemas terrestres, desde zonas desiertas a bosques tropicales o ecosistemas polares, situados en los seis continentes, las cuales se analizaron evaluando variables fisicoquímicas como el pH y el contenido en carbono, nitrógeno y fósforo. Además, combinaron los datos con el uso de técnicas de secuenciación de ADN. Tras el análisis de la información recabada, los expertos observaron que el 2 por ciento de las especies de bacterias registradas a nivel global (aproximadamente 500 especies) comprenden cerca de la mitad de las poblaciones de bacterias en cualquier suelo de nuestro planeta. “Las comunidades de bacterias siguen una dinámica muy parecida a la observada con la distribución de la riqueza en nuestra sociedad: unas cuantas personas concentran la mayor parte de la riqueza existente en la tierra”, señala Delgado Baquerizo. “Si somos capaces de saber más sobre la identidad y función de estos microbios del suelo, podríamos manipular las comunidades microbianas producir suelos más productivos y sanos, que permitieran una mayor producción agrícola. ¡Nuestro estudio abre la puerta a una nueva y excitante etapa en el estudio de los microbios del suelo!”, concluyeron. Con información de  URJC
  4. Una reciente investigación realizada en la Gran Barrera de Coral ubicada en Australia, ha mostrado que el aumento de las temperaturas cálidas está convirtiendo a una de las colonias de tortugas marinas más grande del mundo, en casi totalmente femenina, lo que enciende las alarmas ante el riesgo de que la colonia no pueda sostenerse en las próximas décadas. De acuerdo con los expertos, la temperatura de la arena a la que están expuestos los huevos durante la incubación determina el sexo de las crías de la tortuga, ante un clima más cálido las posibilidades de que sean hembras aumentan. Durante las últimas dos décadas, las temperaturas en las islas del norte de la Gran Barrera de Coral han aumentado hasta el punto de que "no se están produciendo tortugas macho en estas playas de anidación", explican los investigadores del estudio. Cabe señalar que si bien los investigadores han sabido por décadas que las temperaturas cálidas alteran el sexo de las crías de tortugas marinas, esta es la primera vez que logran documentar directamente la tendencia en una importante población silvestre. Para poder llevar a cabo el registro de este caso, los expertos utilizaron una combinación innovadora de endocrinología y genética para evaluar el sexo de cientos de tortugas en un gran territorio de alimentación, revelando la proporción de sexos de tortugas inmaduras y maduras de diferentes playas de anidación durante muchos años.  El análisis de los datos reveló diferentes proporciones de sexos y tendencias en dos poblaciones de anidación en la Gran Barrera de Coral. Las tortugas marinas verdes de las playas de anidación más frías del sur eran aproximadamente del 65 al 69 por ciento de mujeres, mientras que en las playas más cálidas del norte se inclinaron aún más: el 86.8 por ciento de las tortugas adultas, el 99.8 por ciento de las tortugas subadultas y el 99.1 por ciento de las tortugas juveniles resultaron ser hembras. "Esto ha abierto una nueva e importante ventana acerca de los cambios demográficos en estas poblaciones en las últimas décadas, que han pasado desapercibidos hasta ahora" explica el biólogo Michael Jensen, "lo desconcertante es que ahora podemos ver cómo los cambios en el clima podrían afectar la longevidad de esta y otras poblaciones de tortugas marinas en todo el mundo", añadió. Con información de Current Biology  y NOAA
  5. Las ciencias naturales tienen un espacio en el currículum de educación obligatoria al­rededor del mundo. Podemos entenderlas como áreas de actividad intelectual con una evolución histórica y con comunidades que comparten saberes, prácticas y lenguajes. Actualmente las ciencias naturales son más dinámi­cas, diversas y multifacéticas de lo que suele refle­jar un currículum particular. Se ha planteado que la educación en ciencias debe apuntar principalmen­te al desarrollo de una cultura científica básica que incorpore tanto conocimientos como habilidades y actitudes (AAAS, 1993). Las nuevas generaciones deberían tener acceso al mundo de las ciencias (Fumagalli, 1997), como un derecho inalienable hacia una herencia cultural. Se trata pues, de que los estudiantes y la sociedad po­damos acceder al mundo de las ciencias para fines formativos, recreativos y estéticos. La incorpora­ción del punto de vista científico a otras opiniones en la cultura general de los ciudadanos tiene el potencial de ampliar nuestro panorama intelectual, ético, de conciencia del mundo natural y de parti­cipación social. Se ha descrito la ciudadanía como un conjun­to de prácticas (culturales, simbólicas y eco­nómicas) y una serie de derechos y obligacio­nes (civiles, políticos y sociales) que definen la pertenencia de un individuo a una sociedad orga­nizada (Isin y Wood, 1999). Sostener que la educa­ción en ciencias tiene el potencial de contribuir a la formación ciudadana, implica adoptar una perspec­tiva crítica, pues apunta hacia el empoderamiento de la sociedad y los individuos a partir de su dere­cho a acceder a la herencia cultural de las ciencias; así como a ejercer su capacidad de comprensión, de toma de conciencia y acción en el entorno natural y social. A fin de estimular la reflexión, se abordan tres aspectos a los que falta poner más atención en la educación básica: el uso crítico y selectivo de la información, el reconocimiento de problemas so­ciocientíficos y la toma de decisiones informadas. Estos aspectos pueden proponerse como aporta­ciones de una educación en ciencias centrada en los estudiantes y en su formación integral. Uso crítico y selectivo de información En décadas anteriores, la información estuvo en el centro de muchos planteamientos curriculares y prácticas educativas. El enciclopedismo fue una tendencia muy arraigada en la cultura escolar que ha dejado una huella profunda y difícil de superar. Por mucho tiempo se asumió que los estudiantes debían memorizar sin cuestionar o repetir sin com­prender términos, definiciones, clasificaciones, le­yes y teorías, entre otros aspectos. Esto coincide con una visión de la ciencia como una mera acu­mulación de información y su enseñanza como una exposición invariante de tales conocimientos. Una formación científica para la ciudadanía debe­ría equiparnos con las bases para mantener un es­cepticismo fundamentado ante la información que nos llega por distintos medios. Esto nos posicio­naría como actores sociales y consumidores cons­cientes, exigentes y responsables. Es muy común que en publicidad se recurra a supuestas pruebas científicas y expertos para postular las bondades de los productos que se anuncian. Sin embargo, no se presentan evidencias ni explicaciones claras, y prevalece el interés comercial sobre el social o per­sonal. Una y otra vez vemos aparecer en distintos medios productos “milagro” para bajar de peso o adquirir una figura atlética. Las personas que legítimamente desean bajar de peso por cuestiones de salud o de imagen estarían mejor posicionados si comprenden algunos aspec­tos básicos del metabolismo de los alimentos en el cuerpo, de los requerimientos de nutrientes de acuerdo con la edad y la actividad física. La publici­dad engañosa se aprovecha del desconocimiento y falta de juicio crítico, pero también de la inexisten­cia de políticas públicas y códigos de práctica que las regulen. También con frecuencia una nota periodística, una publicación en internet o una noticia en redes sociales se acepta como válida sin detenernos a revisar qué persona o institución ha generado esa información y con qué propósito. El acceso y uso de internet sigue reflejando inequidades sociales pero es cada vez más generalizado en algunos sec­tores. Para poder identificar errores, imprecisiones, fines comerciales o ideológicos en la información relacionada con temas de ciencias es de suma importancia, además de contar con conocimientos científicos básicos, desarrollar una actitud crítica que repare en la credibilidad de quienes generan la información. Se han sugerido notas de temas científicos presentadas en periódicos, noticieros e internet que, incorporadas en actividades bien planeadas en la enseñanza de las ciencias, pueden ayudar a estimular el desarrollo de habilidades crí­ticas (Dimopoulos y Kouladis, 2003). Reconocimiento de problemas sociocientíficos La educación en ciencias se ha perfilado de acuer­do con las nuevas tendencias educativas a nivel internacional. En ellas destaca la formación de ciu­dadanos responsables, conscientes y críticos que puedan enfrentarse a diversos problemas sociales cuyas causas y/o posibles soluciones tienen origen científico y/o tecnológico (España y Prieto, 2009). Estos problemas son llamados sociocientíficos, ejemplo de ello sería la deforestación, el uso de células madre o el tráfico de fauna silvestre. Se trata de temas complejos donde figuran posiciona­mientos, intereses y valores éticos. Incorporar problemas sociocientíficos a la clase de ciencias ayuda a una mejor comprensión de la misma y de la importancia de su estudio, ya que a través de éstos se percibe de forma directa la in­fluencia que tiene tanto la ciencia como la tecno­logía en su entorno social, que puede llegar a in­cidir en algo personal o de índole global. Además, identificar problemas sociocientíficos favorece a la participación ciudadana en donde se desarrolla la toma de decisiones responsables a favor del bien común. Habría entonces que sopesar las implicaciones de considerar en los espacios formativos, por ejemplo, la construcción de obras que afectan recursos naturales. El tema puede ser abordado desde un planteamiento general hasta llevarlo a un caso particular. Es común que el desarrollo de la industria, comercio, economía y crecimien­to poblacional lleve consigo la modificación de los entornos naturales. Pero ¿qué sucede con la flora y la fauna?, ¿cómo se afectan los ciclos del agua?, ¿qué efectos ambientales se anticipan? A partir de estas cuestiones es posible indagar, analizar, debatir, argumentar en contextos rele­vantes y significativos. Otro problema sociocientífico que se puede abordar en educación en ciencias es el uso de antibióticos y la automedicación; al hacerlo, es probable que no se tomen en cuenta todos los síntomas presentados en el momento, así como el estado de salud reciente, esto puede llevar a ingerir fármacos poco adecuados para el enfer­mo. Además, se deja de lado la dosis y el periodo de consumo, importantes para la recuperación de cualquier paciente, pues el exceso o el consu­mo insuficiente del medicamento puede llevar a complicaciones. En ocasiones los problemas de esta índole –am­bientales y de salud–, suelen ser tratados con indiferencia por el público en general. Algunos tienen conciencia de lo que ocurre a su alrededor, sin embargo, toman el papel pasivo. Es precisa­mente esta actitud lo que se espera contrarrestar. Al abordar problemas sociocientíficos en las aulas de clases, se busca formar ciudadanos compro­metidos con el bienestar social, la salud y el me­dio ambiente. Decisiones y acciones responsables e informadas Con el fin de formar ciudadanos comprometidos e informados que puedan decidir y actuar para el colectivo o en forma individual, es necesario como docentes impulsar a los alumnos a analizar problemas reales y las posibles decisiones ante los mismos. La educación en ciencias ha de estimular la autonomía intelectual en los alumnos (Henao y Stipcich, 2008) para así preguntar, discutir, disentir, aprender a razonar y argumentar. Los individuos cambiamos nuestra manera de ver los problemas y a su vez podemos tomar decisio­nes y hacer acciones distintas a partir de nuestra experiencia. Esto implica que es conveniente ejer­citarnos en el razonamiento que nos lleva a tomar decisiones y a analizar sus consecuencias. Lograr esto en el contexto de temas científicos, posibilita que los estudiantes tengan menores dificultades para enfrentar las problemáticas propias de su edad, como algunas situaciones de riesgo y con­tar con la madurez suficiente para enfrentarlas, así como tomar determinaciones con un menor grado de incertidumbre al llegar a la adultez. Algunos temas del currículum de ciencias que son de relevancia para la vida en sociedad, en los que se pueden tomar decisiones y acciones res­ponsables son: prevención de accidentes, salud general y reproductiva, alimentación adecuada, descanso y actividad física, entre otros. Estos te­mas desde la educación en ciencias implicarían no solo la acumulación de conocimientos, sino también procesos de aprendizaje y enseñanza de actitudes, valores, habilidades y competencias con un enfoque social y personal más allá del aspecto cientificista y biológico. Diversas investi­gaciones han mostrado que el conocimiento por sí solo no alcanza para modificar las conductas. En los temas considerados anteriormente se re­comendaría usar un enfoque basado en proble­máticas locales, regionales, nacionales y globales. Por ejemplo: los profesores de ciencias en Bot­suana tomaron como objetivo principal reducir la propagación del VIH/SIDA. La promoción del autocuidado es un proceso edu­cativo basado en la responsabilidad y conciencia que provoca un cambio de hábitos que un indi­viduo debe conservar para su bienestar general o en las conductas sanitarias (Flores, 2008). El creciente problema de la obesidad, a nivel nacio­nal e internacional, atañe a profesionales de la salud, gobiernos y población en general, asocia­do a la toma de decisiones y acciones de las per­sonas; pero también corresponde a autoridades, sociedad e instituciones. La meta es disminuir las enfermedades crónico-degenerativas derivadas del sedentarismo y una mala alimentación como afecciones cardiovasculares, algunos tipos de dia­betes y problemas gastrointestinales, entre otras. En el aspecto educativo (Flores, 2008) han apor­tado serias reflexiones en cuanto a la problemá­tica del sobrepeso y la obesidad en los niños en edad escolar. Ellos también argumentan que la educación en nutrición deja mucho que desear a nivel internacional, pues el asunto está práctica­mente ausente en algunos países; el estudio de estos temas es esporádico y de escasa cobertura, con insuficiencia de materiales educativos, entre otros problemas. En México, aún falta camino por andar, pues algunos tópicos solo se tratan de ma­nera introductoria. El aula y la escuela, sobre todo en la educación bá­sica, son espacios adecuados para desarrollar há­bitos saludables basados en toma de decisiones. El planteamiento de situaciones problemáticas, su análisis, la evaluación de distintas posibles deci­siones y sus consecuencias se pueden convertir en actividades fundamentales para ejercitar a los estudiantes en procesos reflexivos y de toma de conciencia sobre su propia salud y bienestar. Para ello es importante dar un giro en el tipo de pre­guntas que se les plantean a los estudiantes. En lugar de plantear cuáles son los principales grupos de alimentos, se pueden abordar otras cuestiones como qué es conveniente comer antes de una actividad física como jugar un partido de futbol y por qué. Preguntas de este tipo tienen que es­tar relacionadas con los intereses y motivaciones personales de los estudiantes para ser relevantes y apoyar los procesos de toma de decisiones y ac­ciones responsables. Para que la educación en ciencias pueda aportar realmente a la formación ciudadana de las nue­vas generaciones, es importante revisar los plan­teamientos curriculares y revitalizar las prácticas educativas, diversificar las actividades de apren­dizaje y generar múltiples oportunidades para que los estudiantes desarrollen habilidades de pensa­miento crítico, posicionamiento ante temas socio­científicos y capacidad para la toma de decisiones informadas. Se han mencionado algunas posibi­lidades, pero se ofrecen a continuación algunas recomendaciones para quienes enseñan ciencias en educación básica: - Actividades que promuevan la búsqueda sistemática de información, su selección y evaluación a partir de su calidad, relevancia y fuente. - Actividades que promuevan la discusión y confrontación de puntos de vista de distin­tas personas (estudiantes, autores de no­tas periodísticas, médicos, investigadores, por citar algunos). - Actividades que promuevan la elaboración de explicaciones y argumentos: búsquedas de información que apoyen la solución de proble­mas y toma de decisiones, búsqueda de cau­sas, comprensión de situaciones relevantes para los estudiantes. - Actividades que promuevan la indagación de temas científicos orientados por los intereses de los alumnos: proyectos propuestos por los estudiantes, pruebas y experimentación don­de se hagan predicciones y después se analice lo ocurrido para entender y explicar. Resulta fundamental el rol de quien enseña como mediador y guía para el alumno en actividades de este tipo y un ambiente de trabajo cooperativo que promueva el involucramiento de todos los es­tudiantes y no de unos cuantos. Naturalmente, la revitalización de la enseñanza de las ciencias y la diversificación de tareas de aprendizaje también deben verse reflejadas en el currículum, los mate­riales educativos y en la formación inicial y con­tinua del profesorado. Hay avances importantes en este sentido en algunos países, mas aún hay camino por recorrer. Referencias AAAS, 1993. Benchmarks for science literacy. Nueva York: Ox­ford University Press. Dimopoulos, K. & Kouladis, V., 2003. Science and Technology Education for Citizenship: The potential Role of the Press. Sci­ence Education , 87, 241-256. España, E. y Prieto, T., 2009. Educar para la sostenibilidad: el contexto de los problemas socio-científicos. Revista Eureka , 6(3), pp. 345-354. Flores, S., y cols., 2008. La escuela primaria como ámbito de oportunidad para prevenir el sobrepeso y la obesidad en los niños. Boletín Médico Hospital Infantil de México , 65 (17), 626- 638. Fumagalli, L., 1997. La enseñanza de las ciencias naturales en el nivel primario de educación formal. “Argumentos a su favor”. Weissman, Didáctica de las ciencias naturales, pp. 15-35. Buenos Aires: Paidós. Isin, E. y Wood, P., 1999. Citizenship and identity. London: Sage.  

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